Cambios en el contexto económico, social y político en la Argentina post default.
En esta siguiente clase vamos a estudiar los
movimientos sociales y las acciones de protesta desarrolladas en nuestro país
en los últimos años. Para estudiarlos necesitamos primero mirar el contexto de
surgimiento, y tener algunas pistas acerca de porqué aparecen en la escena
pública.
Dividimos la clase en dos partes.
En la primera abordamos las concepciones y
comportamientos de los ciudadanos en el periodo 1983-2003 al compás de los
cambios políticos, sociales y económicos, y poniendo en énfasis una mirada
sociopolítica la relación de la ciudadanía con el Estado.
En la segunda parte, analizamos la nueva
cuestión social, la distribución del ingreso, la evolución del empleo y la
situación de pobreza. Existen diversas interpretaciones sobre los temas que nos
ocupan; nosotros decidimos emplear los aportes del politólogo Daniel García
Delgado.
1. La crisis del modelo neoliberal y nuevos imaginarios ciudadanos (1983-2003)
Un balance del período 1983-2003 revela la
tensión entre un régimen democrático que permite incluir políticamente a los
ciudadanos y un régimen socioeconómico concentrador y desigual que tiende a
excluirlos social y económicamente.
La
experiencia democrática iniciada en 1983 es la más larga de nuestra accidentada
historia política. Desde entonces, ininterrumpidamente, hemos elegido a
nuestros representantes en elecciones periódicas, no hay partidos políticos
proscriptos y se respeta la pluralidad de expresiones. Es decir vienen
funcionando la democracia liberal-formal. Pero paralelamente la estructura
social argentina ha sido cada vez más desigual. Como consecuencia de la
globalización y las reformas pro mercado bajo el paradigma neoliberal, y el
consecuente desmantelamiento del Estado de Bienestar se profundizó la
polarización social, la exclusión y la pobreza. Los ricos fueron cada vez más
ricos y la cantidad de pobres e indigentes aumentó.
¿Cómo fue vivido y percibido por los
ciudadanos este proceso? ¿Cuáles fueron sus comportamientos? ¿Cuáles fueron sus
demandas y reivindicaciones en materia social, económica, política e
institucional? ¿Cómo fueron sus relaciones con el Estado? Los politólogos
García Delgado y Nosetto hacen un recorrido histórico de las concepciones y
comportamientos ciudadanos en el período 1983- 2003.
Para pensar en estos interrogantes les
proponemos leer el siguiente fragmento:
Luego del proceso de transición del autoritarismo a la democracia y de
la conquista del Estado de Derecho, la ciudadanía pasó del entusiasmo al
desencanto, en el marco de un gobierno que no daba respuestas en lo social,
mientras el aumento de la pobreza y la inflación se descontrolaban hacia fines
de los ’80 (durante el gobierno de Raúl Alfonsín).
Una vez iniciado el proceso de ajustes estructurales y privatizaciones
generalizadas, a comienzos de los ’90, la superación de la hiperinflación y el
acceso al crédito coincidieron con el retiro del Estado y el aumento del
desempleo, configurando una ciudadanía que pasó a la delegación, a la reclusión
en lo privado (presidente Carlos Menem).
Finalmente, frente al ajuste permanente, la falta de respuestas y la
continuidad de la recesión, se pasa al descontento, a la protesta y al voto
bronca (presidente Fernando de la Rúa). Ahora bien, frente a la acumulación de
decepciones respecto de anteriores promesas y la persistencia y agravamiento de
la crisis económica, la confiscación de los depósitos bancarios hacia fines del
2001 (‘el corralito’) operó como catapultador del descontento de sectores
medios (cacerolazos, escraches) y de aquellos sectores populares que no veían
ninguna respuesta a sus demandas desde hacía tiempo (desempleados, piquetes).
Esta protesta había ya sido precedida a lo largo del país por diversos
movimientos que evidenciaban ya desde mediados de los ‘90 el fracaso del modelo
(Cutral-Có, Tartagal, Santiago del Estero entre otros). De este modo, la
movilización de la ciudadanía contribuyó significativamente al cuestionamiento
de un gobierno incapaz de dar respuestas pero también de un modelo económico
que se consideraba irreversible, protagonizando de este modo la resolución de
la crisis mediante los cacerolazos, las asambleas barriales y los piquetes
entre otros movimientos de protesta. (…) luego de una salida estrepitosa y
desordenada de la convertibilidad se comenzó a salir de la crisis. A partir de
una política económica de carácter
heterodoxo y gradualista que se antepuso a la predicada por el FMI,
ortodoxa y de shock. Esto permitió lograr la reactivación económica después de
cuatro años de recesión. En materia social, fue central una política social de
subsidios masivos a los sectores más vulnerables (Plan Jefes y Jefas de Hogar
Desocupados) que posibilitó una respuesta rápida en la emergencia, evitando el
incendio, si bien en una situación de aumento dramático de la pobreza en la
medida en que avanzaba la inflación.
Por parte de la ciudadanía, fue importante para esta salida una
movilización y ampliación del espacio público realizada desde movimientos de
protesta (cacerolazos, piquetes, escraches, asambleas barriales, movimientos de
solidaridad) pero desde una perspectiva democrática (…), mediante la presencia
de diversos movimientos sociales que contribuyeron desde distintas
perspectivas: el de solidaridad (parroquias, Caritas, red solidaria, iglesias,
organizaciones de bien público, fundaciones y ongs entre otras) que permitió
contener y dar respuestas múltiples a la fragmentación creciente; en segundo
lugar, el movimiento de la economía social/solidaria (trueque, huertas
comunitarias, empresas recuperadas, instituciones de microcréditos, ferias
sociales e incluso cartoneros); y, por último, el movimiento de protesta
protagonizado por desempleados, piqueteros, sindicatos alternativos que
representan sectores excluidos y que posibilitaron canalizar la protesta y
evitar que las medidas adoptaran giros aún más regresivos (bonos compulsivos,
ausencia de retenciones, no pesificación de deudas hipotecarias, etc.).
Los acontecimientos de diciembre de 2001 (ingobernabilidad, caída del
presidente De la Rúa, declaración de default, salida de la convertibilidad y
gobierno de emergencia) se constituyeron en una bisagra histórica. (…) El
proceso de transición al nuevo gobierno democrático de Néstor Kirchner, la
recomposición de la autoridad política y la mejora de expectativas respecto al
accionar gubernamental confirma la consolidación de la democracia en Argentina.
Sin embargo, y al mismo tiempo se
hace evidente la existencia de una ciudadanía fragmentada, con distintos
imaginarios sobre sus aspiraciones y utopías luego de su
convergencia en el momento álgido de la crisis en torno al rechazo de la
política y al que se vayan todos. De aquí en más, las expresiones ciudadanas
constituyen un escenario nuevas prácticas democráticas que habilitan a repensar
el ejercicio de la ciudadanía en nuevos términos. En este sentido, y sin
desentender la rica heterogeneidad de expresiones sociales, tres imaginarios y
prácticas de constitución de la ciudadanía y de la sociedad civil parecen ser
identificables en un nuevo escenario donde está en juego qué tipo de democracia
y qué modelo de desarrollo se configurará esta etapa.
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