Movimiento obrero
El movimiento obrero asalariado surge con la Revolución Industrial. Con el desarrollo de la gran industria y la concentración de la población en las ciudades, los obreros comenzaron a organizarse para luchar por mejores condiciones de trabajo, jornadas laborales menos extensas y por su incorporación en la vida política de sus respectivas países.
A lo largo del siglo XIX las organizaciones de los trabajadores registraron un enorme crecimiento, convirtiéndose en el principal movimiento social existente. En ese tiempo, el movimiento obrero constituyó organizaciones internacionales para luchar conjuntamente por sus derechos.
Los orígenes del movimiento obrero en Argentina
En nuestro país los primeros sindicatos surgen entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. El escaso desarrollo industrial hizo que los trabajadores se organizaran en sindicatos de oficios. Por ejemplo, en 1881 se creó la Unión de Obreros Panaderos; en 1883, la Sociedad de Obreros Tapiceros; y en 1887, La Fraternidad - Sociedad de Ayuda Mutua entre Maquinistas y Fogoneros de Locomotoras. La mayoría de los trabajadores eran inmigrantes que provenían de Italia y España y tenían experiencias de participación sindical. Las transformaciones económicas que se dan entre 1890 y 1920 influyeron en el mundo del trabajo urbano y las organizaciones obreras. La huelga general de 1902 reveló la presencia del movimiento obrero en la vida política y social del país.
En las primeras décadas del siglo XX, las ideologías anarquista, socialista y comunista ejercieron una fuerte influencia sobre el movimiento obrero. El anarquismo tuvo una importante influencia en la creación, en 1902, de la Federación Obrera de la República
Argentina (una de las primeras organizaciones sindicales que agrupó a los distintos gremios de oficios). Luego el peso del anarquismo disminuyó, y los socialistas y comunistas se hicieron fuertes en las décadas siguientes. En 1930 se crea la Confederación General del Trabajo (CGT).
Como consecuencia de la crisis de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial, los productos que se importaban de Europa comenzaron a faltar y esto impulsó el desarrollo de la industria nacional. El paisaje de las ciudades se modificó sustancialmente, con el surgimiento de grandes fábricas y el aumento de la cantidad de obreros provenientes fundamentalmente del campo.
Con el crecimiento de la industrialización por sustitución de importaciones los sindicatos de oficios fueron reemplazados por organizaciones por rama industrial. Los nuevos sindicatos agrupaban a los trabajadores ya no por su tarea particular sino según en que industrias trabajasen. En las décadas del treinta y del cuarenta se crean los sindicatos con mayor poder de movilización hasta, por lo menos, la década del setenta. Por ejemplo, en 1943 se crea la Unión Obrera Metalúrgica (UOM).
Durante los primeros gobiernos peronistas (1946-1955), el sindicalismo creció enormemente y los sindicatos por industria nucleados en la CGT se transformaron en poderosas organizaciones. El peronismo fomentó la creación de organizaciones sindicales
reconocidas y reguladas por el Estado. La clase trabajadora constituyó el eje principal de sustentación de un nuevo y amplio movimiento político que buscaba transformar también las condiciones sociales, políticas y económicas del país. Los sindicatos no sólo se fortalecieron en su capacidad de canalizar demandas, sino que además se convirtieron en prestadores deservicios de salud y recreación para sus afiliados.
A partir de la última dictadura militar las condiciones sociales de los trabajadores desmejoraron sustancialmente. En la década del noventa, debido fundamentalmente a la desindustrialización, se llegó a cifras de desocupación y precarización laboral inéditas. En este contexto, el movimiento obrero ha dejado de ser uno de los actores con mayor poder de movilización, pero su ideología y sus prácticas continúan influenciando a los nuevos movimientos sociales. Hoy existen dos centrales sindicales: la CGT y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).
La CTA fue fundada en 1995 cuando un grupo de sindicatos abandonó la CGT, debido a su oposición al gobierno del presidente Menem. En esta organización se encuentran organizados los trabajadores del Estado (ATE), de servicios públicos privatizados y los docentes (CTERA). También cuenta con una importante presencia entre las organizaciones de trabajadores desempleados, a través de la Federación de Tierra y Vivienda (FTV).
Movimientos campesinos latinoamericanos
El problema agrario en los países
latinoamericanos está vinculado a dos fenómenos económicos sociales
estructurales:
el latifundio: se
caracteriza por la alta concentración de la propiedad de la tierra en pocas
personas y el consecuente aumento de los campesinos sin tierra.
la producción en
las tierras más fértiles no se dedica a cultivos destinados al mercado interno, sino más bien, a cultivos para la exportación, que interesan a
los países centrales.
En Latinoamérica el campesinado ha sido uno
de los principales movimientos sociales. Los campesinos tienen una larga
historia de confrontación demandando la eliminación del latifundio y la reforma
agraria. En la mayoría de los movimientos, los campesinos también comparten la
pertenencia a alguno de los pueblos originarios de América.
Entre los principales movimientos de
campesinos, en la actualidad, encontramos al Movimiento Campesino Paraguayo, la
Confederación Campesina del Perú, la Central Independiente de Obreros Agrícolas
y Campesinos (CIOAC) de México, el Consejo Coordinador de Organizaciones
Campesinas de Honduras, la Mesa Nacional Campesina de Costa Rica, el Movimiento
Campesino de Santiago del Estero (MOCA SE) en nuestro país y el Movimiento de
los Sin Tierra (MST) de Brasil entre otros.
Los movimientos campesinos de América
Latina integran la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo
(CLOC). Esta última forma parte del movimiento internacional Vía Campesina,
conformado por múltiples redes de organizaciones de todo el mundo.
El Movimiento de los Sin Tierra de Brasil
El Movimiento Sin Tierra (MST) de
trabajadores rurales es una organización de campesinos que luchan por la tierra
y por la reforma agraria en Brasil. El MST nació como producto de la conjunción
de los diversos factores socioeconómicos y políticos desarrollados entre los
años 1979 y 1985: el proceso de desarrollo capitalista en la agricultura, lo
que ha fomentado la concentración de la tierra, y el consecuente aumento de
campesinos despojados de sus tierras durante la dictadura militar brasileña
(con la mecanización y la construcción de la represa hidroeléctrica de Itaipú
se expulsaron del campo a familias agricultoras); la labor de la Iglesia, en
particular de la Comisión Pastoral da la Tierra, que ha animado a los
campesinos a organizarse y las luchas por la tierra que empezaron a ocurrir en
diversos estados.
El MST tiene tres grandes objetivos: la
tierra, la reforma agraria y una sociedad más justa. Quiere una expropiación de
las grandes áreas en manos de multinacionales, el fin de los latifundios
improductivos, con la definición de un área máxima de hectáreas para la
propiedad rural. Está en contra de los proyectos de colonización que resultaron
un fracaso en los últimos treinta años, y quiere una política agrícola en
beneficio del pequeño productor.
Los Sin Tierra constituyen en la actualidad
la organización campesina más grande de Latinoamérica.
Movimiento Sin Tierra
Un documento del MTS lo explica de la siguiente forma:
“Nuestro movimiento se propone utilizar tres formas básicas para llevar adelante la lucha por la reforma agraria:
a) Organizar a los campesinos, que luchan por la tierra en la base, y construir un amplio movimiento social de masas, que rescate la lucha por nuestros derechos.
b) Concientizar a la sociedad y los sectores ya urbanizados de que la reforma agraria es una lucha de todos, y que implica transformaciones económicas, políticas y sociales que beneficiarán a toda la sociedad. Por eso, no interesa tan solo a los sin tierra.
c) Desarrollar todas las formas de presión popular para garantizar que el gobierno desencadene el proceso de reforma agraria (...).
El MST utiliza de las más distintas formas de lucha, pero siempre masivas. Los medios más utilizados son: manifestaciones en las calles, concentraciones regionales, audiencia con los gobernadores y ministros, huelgas de hambre, campamentos provisorios en las ciudades o a la orilla de las haciendas por ser desapropiadas y ocupación de las tierras a ser desapropiadas (...).
Desde su fundación ya alcanzó muchas victorias y conquistas. Fueron más de 3.900 latifundios ocupados, que ahora se transformaron en proyectos de asentamiento y atienden a más de 4.500 mil familias de trabajadores rurales, en más de 22 millones de hectáreas”.
El Movimiento Campesino de Santiago del Estero
El Movimiento Campesino de Santiago del
Estero (MOCASE) se crea en 1990 y tiene por objetivo la defensa de la tierra,
la defensa del medio ambiente y la soberanía alimentaria. Un dirigente del MOCASE
lo explica así:
“El Movimiento Campesino defiende la
realización de una reforma agraria pensada desde la realidad de cada comunidad;
esto no quiere decir parcelamiento para cada uno sino reconocer que hay lugares
donde las propiedades son comunitarias. Hablamos entonces de una reforma
agraria que tenga que ver con la realidad de cada lugar. Estamos contra el ALCA
y luchamos por la soberanía alimentaria, esto quiere decir: producir la propia
alimentación sana, un cultivo que no necesite del esfuerzo de los trangénicos.
Estamos en contra del monocultivo, del monocultivo de la soja, de la
contaminación del medio ambiente y el saqueo ecológico, el saqueo de los
recursos naturales, el destrozo de todos los montes, etc.” (Tomado de Martínez
y otros, 2006)
Movimientos de pueblos originarios
Desde hace quinientos años, los pueblos
originarios de América luchan por su reconocimiento y sus tierras. La conquista
de América fue una larga y violenta guerra entre civilizaciones muy desiguales.
La situación de los pueblos originarios
sigue siendo preocupante. En muchos países del continente carecen de las
condiciones mínimas para vivir (alimentación, educación, vivienda) y fueron
obligados a dejar sus costumbres y tradiciones.
En la actualidad la lucha de los pueblos originarios
apunta a fortalecer su identidad, reclamar al Estado el derecho a una educación
bilingüe y el reconocimiento de las tierras despojadas a sus comunidades.
Dos ejemplos actuales de esto son las luchas que llevó
adelante el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México y los
conflictos de los mapuches en la Patagonia.
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de
México
El Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) surge el primero de enero de 1994 en México, el mismo día que
ese país entraba al NAFTA (tratado de libre comercio con EEUU y Canadá). Ese
día, los zapatistas sorprendieron no sólo al país sino al mundo entero con la
toma militar de siete cabeceras municipales del estado de Chiapas, al sur del
país. Fueron los primeros días de una lucha decidida, tal como lo expresaron
ellos mismos en la Primera Declaración de la selva Lacandona: «una medida
última contra la miseria, la explotación y el racismo, pero, sobre todo, una
medida última contra el olvido» Las demandas fueron: techo, tierra, trabajo,
salud, educación, alimentación, libertad, independencia, justicia, democracia y
paz.

El movimiento Zapatista ha llevado adelante
“una guerra con muertos de ambos lados, una guerra desigual en la que, por un
lado, había indígenas tzotziles, tojolabales, chales, mames y zoques, unidos
por primera vez en una insurrección y, por el otro, un ejército armado con
rifles de alto poder, auxiliado por aviones, helicópteros, tanques y tanquetas;
un ejército, el institucional, sorprendido por un ejército de indígenas que
reclamaban, y reclaman, democracia, libertad y justicia para todos los
mexicanos.”
En el siguiente texto, elaborado por el
Subcomandante Insurgente Marcos (integrante de la Comandancia General del
EZLN), se señalan los sentimientos e ideas que clarifican la posición del EZLN:
«Y nosotros (….) no pedimos limosnas o caridades, nosotros pedimos justicia: un
salario justo, un pedazo de buena tierra, una casa digna, una escuela de
verdades, medicina que cure, pan en nuestras mesas, respeto a lo nuestro,
libertad de decir lo que llega a nuestro pensamiento y abre las puertas de la
boca para que las palabras nos unan a otros en paz y sin muerte. Eso pedimos
siempre, niños y niñas de Jalisco, y no escucharon lo que nuestra voz clamaba.
Y entonces tomamos un arma en las manos, entonces hicimos que las herramientas
de trabajo se hicieran herramientas de lucha, y entonces la guerra que nos
hacían, la guerra que nos mataba a nosotros sin que ustedes supieran nada,
niños y niñas de Jalisco, la volvimos contra ellos, los grandes, los poderosos
(….). El nuevo orden económico internacional ha provocado ya más muerte y
desnutrición que las grandes guerras mundiales. Más pobres y más muertos nos
hicimos hermanos. Nos hermana la insatisfacción, la rebeldía, las ganas de
hacer algo, la inconformidad. La historia que escribe el Poder nos enseñó que
habíamos perdido, que el
cinismo y la ganancia eran virtudes, que la
honestidad y el sacrificio eran estúpidos, que el individualismo era el nuevo
dios, que la esperanza era devaluada moneda, sin cotización en los mercados
internacionales, sin poder de compra, sin esperanza. No aprendimos la lección,
fuimos malos alumnos. No creímos que el poder enseñaba. Reprobamos en
modernidad. Condiscípulos en rebelión, nos encontramos y nos descubrimos
hermanos. (…) Hace 29 años el poder nos dijo que la historia había terminado en
la quebrada de Yuro. Dijeron que la posibilidad de una realidad diferente,
mejor, fue destruida. Dijeron que la rebeldía terminó. ¿Terminó?» (Tomado de
Revista Rebeldía Nº 12).